Hay una frase publicitaria que se usa en Mérida y que encierra una lección entera de dialectología: «vaya biem». No es una errata. Es la manera de escribir, medio en broma, algo que los yucatecos hacen sin darse cuenta: pronunciar la -n final de palabra como una m. El pan es pam, Yucatán es Yucatám, el limón es limóm. Lo han convertido en seña de identidad, en camiseta y en chiste local.
Lo que conviene tener claro antes de seguir
No existe «el español de México». Existen varios, y se distinguen entre sí bastante más de lo que sugieren el cine y la televisión, que nos han vendido el acento del centro como si fuera el único. Los estudios suelen dividir el país en cuatro grandes áreas (norteña, central, costeña y yucateca) y por debajo de esa división funciona un principio muy sencillo, común a casi toda América: tierras altas frente a tierras bajas.
El mapa
Cuatro áreas y un principio que las atraviesa
Las tres primeras zonas forman el área que se llama propiamente mexicana; la cuarta, Yucatán, junto con Chiapas, se agrupa ya con Centroamérica en lo que se conoce como área mayense-centroamericana. Chiapas se incorporó oficialmente a México en 1824; la disputa sobre el Soconusco y la delimitación de la frontera con Guatemala se prolongó, en cambio, hasta el tratado de 1882. Esa historia compartida se nota también en cómo se habla allí.
En el altiplano y el interior, las consonantes se pronuncian con fuerza y las vocales se comen. En la costa, al revés: las vocales aguantan enteras y las consonantes se relajan hasta desaparecer. Es la misma tensión que encontramos entre Bogotá y Cartagena, o entre Quito y Guayaquil.
Un ejemplo del centro y del noreste que resulta muy gráfico: la palabra partes puede llegar a sonar como parts, sin la e, y necesito como nessito. Las vocales átonas (sobre todo la e y la o) se debilitan y a veces desaparecen del todo, especialmente cuando van seguidas de s: cafecito pasa a cafsito, frijolitos a frijolits, fósforo a fósfro.

Zona norteña
El norte diptonga los hiatos y no lo esconde
El norte de México siempre ha mirado un poco hacia arriba, hacia Texas y Arizona, más que hacia el sur de su propio país. Y su forma de hablar acompaña esa personalidad.
Lo más llamativo es la diptongación de hiatos: peor suena pior, teatro suena tiatro, poeta suena pueta, toalla suena tualla. Y no es marca de habla descuidada: en el norte se acepta perfectamente en el habla culta.
También es zona de esa «sh» del inglés: muchacho se relaja en mushasho, chacal en shacal. Y aparece una s apicoalveolar (la que se hace en el centro y el norte de España, con la punta de la lengua) frente a la predorsal del resto de América.
Un detalle curioso: en algunos hablantes norteños quedan restos aislados de distinción entre s y z. No es un sistema, no es ceceo ni distinción organizada; son vestigios sueltos e individuales de algo que ya está prácticamente muerto.
Zona central
El modelo del centro: consonantes tensas y entonación circunfleja
Aquí está la Ciudad de México y, con ella, el modelo lingüístico para casi todo el país, salvo para el norte, que va bastante a su aire. Tres rasgos definen ese acento.
Los grupos cultos se pronuncian enteros
Directo, examen, taxi, acción, apto, abstracción: esa k, esa p y esa t implosivas están ahí, tensas y completas. En media España se relajan o desaparecen; allí no.
La s final se alarga
Salsas, cacerolas terminan en una s larga y tensa, casi silbada. Es lo contrario exacto de lo que ocurre en la costa.
La asibilación de las vibrantes
La r de perro o la final de color se convierten en una especie de zumbido, algo entre r y «sh» sonora. Pasa lo mismo con el grupo tr: tramo puede sonar casi como chamo, tan cerca de la ch que otro y ocho llegan a confundirse. En la capital la asibilación tiene marca de prestigio, sobre todo entre mujeres de clase media.
Y luego está la entonación, que es probablemente lo primero que identificamos aunque no sepamos ponerle nombre. La curva mexicana es circunfleja: sube de la antepenúltima sílaba a la penúltima y baja de golpe en la última. La penúltima se alarga muchísimo y la final se acorta. De ahí esa musicalidad tan característica del habla popular.
El principio de fondo
No es el clima: es el tráfico de puertos
Durante mucho tiempo la oposición entre tierras altas y tierras bajas se explicó por el clima, con el aire seco de la altura frente a la humedad del trópico. Hoy esa explicación no la sostiene casi nadie. Lo que sí funciona es la explicación histórica: las tierras bajas fueron zonas de puerto, con contacto continuo con Andalucía y Canarias y flujo constante de barcos y de gente. Las tierras altas eran sedes virreinales, más aisladas y más ligadas al modelo normativo cortesano y a la lengua escrita.
Zona costeña
En Veracruz el Caribe pesa más que la geografía
Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Guerrero. Si alguien pone una grabación de Veracruz sin decir de dónde es, es muy posible que se responda «esto es del Caribe». Y no andaría desencaminado: el puerto de Veracruz fue durante siglos la puerta de comunicación con La Habana y las Antillas, y eso pesa más que la distancia en el mapa.
Aquí aparece el paquete completo de tierras bajas.
| Rasgo | Cómo suena |
|---|---|
| s aspirada o perdida | lah olah por las olas, ehposoh por esposos, Veracruh. |
| n final velarizada | Con nasalización de la vocal: cartón pasa a cartõn y de ahí a cartõ. |
| j debilitada | Gente con una jota soplada; trabajo pasa a trabaho y llega a traao. |
| Pérdida de la -r del infinitivo | Come, sali. |
| Neutralización de r y l | Puelta, calne, amol, comel. Este sí está estigmatizado y se asocia a los estratos más bajos. |
Hay un detalle sociolingüístico que merece la pena: en Veracruz la aspiración de la s goza de prestigio y forma parte de la identidad local, aunque la presión de la Ciudad de México está haciendo que las clases altas la eviten. En Acapulco y en Guerrero, en cambio, esa misma aspiración se percibe como rural y baja. El mismo sonido, dos valoraciones sociales opuestas, a unos cientos de kilómetros.
Zona yucateca
Yucatán, donde el maya se oye dentro del español
Volvemos al principio. Yucatán merece capítulo aparte porque allí el español convive intensamente con el maya. Según datos del INEGI de 2015, 29 de cada 100 habitantes de tres años o más hablaban una lengua indígena y, entre ellos, el 98,1 % hablaba maya. Además de la -m final, hay dos rasgos que hacen que un yucateco se reconozca en cualquier parte del país.
Las oclusiones glotales
Ese cierre de garganta que separa palabras, sobre todo antes de vocal tónica: tu’ hija, má’ carne, su’ agua. Es un calco directo del maya.
Las oclusivas plenas y aspiradas
Saliva, cabeza, cada, lago se pronuncian con b, d y g plenas donde el resto del mundo hispánico las relaja. Y la p, la t y la k se aspiran, como en inglés. Incluso la f tiende a hacerse p: piesta, puente por fuente.
Lo más interesante del caso yucateco es que la -m final no está en retroceso, sino en expansión. Es más frecuente en mujeres, en jóvenes y en bilingües, y está bien aceptada en el estrato sociocultural alto. Cuando un rasgo se convierte en bandera identitaria, deja de esconderse.
Léxico y gramática
Lo que se dice, y no solo cómo se dice
Del vocabulario mexicano todos hemos oído algo, pero conviene ordenarlo. ¿Mande? es un arcaísmo precioso que sigue vivísimo como respuesta a una llamada. Ándale anima, órale expresa sorpresa y híjole sirve para asombrarse. Padre, padrísimo y chido quieren decir «estupendo»: estuvo padrísimo el concierto. Mero es «el mismo», está en el mero centro, y ya mero es «casi».
Y luego está ahorita, que es la más traicionera de todas, porque puede significar «ahora mismo», «dentro de un rato» o «hace media hora». Salió ahorita, hace media hora.
En gramática hay tres cosas que suenan clarísimamente mexicanas.
El le enclítico sin referente
Ándele, sígale, órale, úpale. No sustituye a nada: está ahí como refuerzo expresivo.
El hasta sin negación
Viene hasta las cinco significa «viene a las cinco». Abren hasta el sábado significa «abren el sábado». Para un hablante peninsular es de esas frases que se entienden justo al revés, y puede dar lugar a líos serios con una cita.
El ¿qué tanto? y el ¿qué tan?
¿Qué tanto amas a tu familia?, ¿qué tan lejos está la playa?, donde en España se diría «cuánto» y «cómo de».
Y en Yucatán y Chiapas, una construcción que descoloca a cualquier hablante peninsular: artículo indefinido, posesivo y nombre. Una mi amiga. Tenía un su hambre. Saca de una su mochila unas sus botas. Se documenta también en Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica, y casi con seguridad tiene que ver con el contacto con lenguas mayas.
Para escucharlo
Diez minutos de audio valen más que cualquier descripción escrita
Lo que aquí se describe se entiende mucho mejor oyéndolo. El catálogo del Cervantes incluye muestras de Ciudad de México, Guadalajara, Mérida y Oaxaca, con su transcripción al lado:
Bibliografía
De dónde sale lo que aquí se cuenta
Estas son las obras de referencia que sostienen la descripción que acabas de leer:
Lipski, John (2005 [1996])
El español de América. 4.ª ed. Madrid: Cátedra.
Moreno Fernández, Francisco (2009)
La lengua española en su geografía. Madrid: Arco/Libros.
Real Academia Española y ASALE
Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología, obra de referencia para la transcripción y la terminología empleadas aquí.
Instituto Nacional de Antropología e Historia
«El proceso de formación de la frontera sur de México», para la incorporación de Chiapas y la delimitación posterior del Soconusco.
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