Si le preguntas a un español de cuarenta y tantos quién era Gloria Fuertes, lo más probable es que te hable de la televisión. De Un globo, dos globos, tres globos. De una señora con voz de fumadora contando cosas a los niños. Y esa imagen, siendo cierta, tapa una biografía bastante más incómoda.
Quién fue, en cuatro datos
Nació en Madrid en 1917 en una familia humilde, escribió su primer libro a los dieciocho años y tardó quince en poder publicarlo. Fue la única mujer cercana al postismo, fundó una tertulia porque no había sitios donde una mujer pudiera recitar, y fue de las poquísimas incluidas en las antologías generales de los años sesenta. La popularidad televisiva llegó al final, y borró casi todo lo anterior.
Los orígenes
Una formación pensada para colocarla cuanto antes
Nació en Madrid en 1917, en una familia humilde. Allí la formación de una chica tenía un objetivo claro y único: colocarla cuanto antes. Así que hizo Taquigrafía, Mecanografía, Higiene y Puericultura. Nada que ver con lo que ella quería.
Escribió Isla ignorada en 1935, con dieciocho años. No se publicó hasta 1950. En medio hay veinte años de oficina, de 1938 a 1958, para mantener a la familia y mantenerse ella; y a la vez, entre 1939 y 1953, un puesto de redactora en la revista Maravillas y teatro infantil.
En sus propias palabras
Nadie de mi familia me dijo nunca que escribiera
Lo contó sin florituras: «Cuando mi madre me veía con un libro, me pegaba. Nadie de mi familia me dijo nunca “escribe, hija, escribe, que lo haces bien…”. Nadie. No tengo nada que agradecer a mi familia.»
El postismo
La única mujer cercana al grupo, y la que mejor conservó su iconoclasia
En 1945 se acercó al postismo, el movimiento de Chicharro, Carlos Edmundo de Ory y Sernesi. Un vanguardismo de posguerra basado en el humor y el absurdo, que enlazaba con la vanguardia de antes de la guerra y que, en el Madrid gris de aquellos años, era una forma de plantarse.
Fue la única mujer cercana al grupo. Y cuando el postismo se deshizo, fue quien mejor conservó esa iconoclasia: le duró toda la obra.
En 1951 fundó con Adelaida Las Santas una tertulia con un nombre que lo dice todo: Versos con faldas. Existía por una razón muy concreta y muy poco romántica: no había sitios donde una mujer pudiera recitar lo que escribía. Así que se lo montaron ellas.
Los años cincuenta y sesenta
Los libros que le dieron fama de disidente
En esas dos décadas publicó Antología y poemas del suburbio (1954), Aconsejo beber hilo (1954), …Que estás en la tierra (1962), Ni tiro, ni veneno, ni navaja (1965) y Poeta de guardia (1968). Fue de las poquísimas mujeres que entraron en las antologías generales de la época: en la de José Batlló de 1969, la única.
Mientras tanto trabajaba como bibliotecaria en el Instituto Internacional, consiguió una beca Fulbright en 1961 y dio clases en Bucknell, Mary Baldwin y Bryn Mawr. Mantuvo una relación amorosa con la directora del Instituto, la norteamericana Phyllis Turnbull, hasta 1970. La ruptura y la muerte de Turnbull, poco posterior, la hundieron en una depresión seria.
La popularidad
La beca de 1972, la televisión y el papel de poeta payasa
En 1972 le dieron la beca Juan March de literatura infantil, se volcó en ese registro y acabó en TVE. La hizo popularísima. También le borró todo lo anterior.
Ella pasó de poeta desarraigada a poeta payasa. Y, esto es lo mejor de la historia, el papel le gustaba. Se encontraba a gusto. Siguió publicando: Sola en la sala (1973), Historia de Gloria (1980), Mujer de verso en pecho (1995).

La obra
Cuatro constantes que atraviesan todo lo que escribió
Crítica social desde la defensa del que pierde
No es un tema entre otros: es el punto de vista desde el que está escrito prácticamente todo.
Humor y juegos de palabras
En una sociedad tan almidonada como la franquista eran directamente subversivos: el chiste desmonta el discurso del poder mucho mejor que el sermón.
Ironía sobre sí misma
La manera más eficaz de desinflar la solemnidad del sistema literario, y la que explica que se le tomara menos en serio de lo que merecía.
Ternura
Que tampoco era inocente en aquel contexto.
En ella los valores éticos van por delante de los estéticos, y no como carencia sino como programa. Su rechazo de los modelos de mujer que imponía el régimen, junto a su manera de vivir y escribir la sexualidad, la convierten en un referente del feminismo poético de la segunda mitad del siglo. Lo cual, para alguien a quien recordamos por unos globos de colores, no está nada mal.
Para seguir leyendo
Las referencias en las que se apoya este perfil
Estas son las obras que sostienen lo que aquí se cuenta:
Cano, José Luis (1991)
Vida y poesía de Gloria Fuertes. Madrid: Torremozas.
Payeras Grau, María (2003)
El linaje de Eva. Tres escritoras españolas de posguerra: Ángela Figuera, Celia Viñas, Gloria Fuertes. Madrid: SIAL.
Castro, Elena (2014)
Poesía lesbiana queer. Cuerpos y sujetos inadecuados. Barcelona: Icaria.
Jurado Morales, José (2014)
«El discurso patriarcal en la poesía femenina del primer franquismo», Signa, 23.
Neira, Julio (2014)
«El canon y las mujeres del 27», en La quimera de los sueños. Málaga: El Toro Celeste, 2.ª ed., pp. 38-49.
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