Hay dos fotografías que cuentan esta historia mejor que cualquier explicación. La primera es la del Ateneo de Sevilla, diciembre de 1927, el acto fundacional del grupo: no aparece ninguna mujer. La segunda es del 19 de abril de 1936, el banquete por la publicación de La realidad y el deseo de Cernuda. Nueve años separan una de otra.
Qué se ve en la segunda fotografía
Está toda la plana mayor: Aleixandre, Lorca, Salinas, Alberti, Neruda, Bergamín, Altolaguirre. Y también María Teresa León. Y Concha Méndez sentada en la cabecera de la mesa, junto a Cernuda. Según la prensa asistieron además Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel, Concha Albornoz y varias más.
El punto de partida
Cuarenta años con muy pocos poemarios firmados por mujeres
Para entender lo raro que es ese cambio hay que mirar lo que había antes. Entre la muerte de Rosalía de Castro en 1885 y 1923 se publicaron en España muy pocos libros de poesía escritos por mujeres. Pepa Merlo documenta, entre otros, Mis cantares (1911), Las cuerdas de mi guitarra (1913) y El barrio de la Macarena (1917), de Gloria de la Prada; Cancionero de mi tierra (1917), de Casilda de Antón del Olmet; y Escorial (1922), de Esther López Valencia. La mayoría eran de carácter folclórico.
Cuarenta años en los que pasaron el modernismo, el novecentismo y la vanguardia. Cuarenta años decisivos para la poesía contemporánea española, con una presencia editorial femenina mínima.
La razón poética
Seguía viva la idea romántica de la mujer como musa, objeto y no sujeto del poema: el «Poesía eres tú» de Bécquer.
La razón socio-religiosa
Sumisión, castidad, recato, reclusión en el hogar. Si al poeta se le pedía volcar sus pasiones en el verso, a la mujer se le exigía justamente lo contrario.
A partir de 1923
Los primeros libros y la colección que las puso junto a Lorca
A partir de 1923 empiezan a caer libros: María Teresa Roca de Togores, Pilar de Valderrama, Cristina de Arteaga, y en 1926 Concha Méndez con Inquietudes y Ernestina de Champourcin con En silencio.
En 1927 Josefina de la Torre publica Versos y estampas, con prólogo de Pedro Salinas, en la colección de Litoral: la misma donde salían Lorca, Alberti y Cernuda.
Las dos instituciones
La Residencia de Señoritas, el Lyceum Club y «la sublevación de las faldas»
Dos instituciones fueron decisivas, y ambas vienen del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.
La Residencia de Señoritas (1915)
Correlato de la Residencia de Estudiantes, creada para impulsar la formación universitaria de las mujeres.
El Lyceum Club Femenino (Madrid, 1926)
Donde se asociaron para la actividad cultural, pero también para montar guarderías y ayudar a mujeres sin recursos.
Ambas las dirigió María de Maeztu. Y la reacción fue exactamente la que cabía esperar. Lo cuenta María Teresa León: el asunto llegó a los púlpitos, se movieron los hilos políticos para acabar con «la sublevación de las faldas» y, cuando fueron a pedirle una conferencia a Jacinto Benavente, contestó que él no daba conferencias «a tontas y a locas».

Quiénes eran
Conviene no idealizar el grupo: casi todas venían de arriba
Casi todas procedían de la aristocracia o de la alta burguesía, porque solo ahí una mujer recibía la educación que permitía llegar a escribir. Cristina de Arteaga era hija del duque del Infantado y ahijada de la reina María Cristina. Ernestina de Champourcin, hija de un barón. Elisabeth Mulder heredó un marquesado holandés y hablaba seis idiomas. Josefina de la Torre venía de una familia canaria de intelectuales y artistas.
Escribir se toleraba como afición de buen tono. Otra cosa era dedicarse a ello en serio: Concha Méndez tuvo que pelearse con su padre durante años y acabó fugándose de casa a los treinta.
Un modelo nuevo
Campeonas de natación y de atletismo, además de escritoras
Josefina de la Torre, al presentarse en la antología de Gerardo Diego, escribió: «Me gusta dibujar. Juego al tenis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la natación». Había sido dos años presidenta del primer club de natación de su tierra. No era la única: Concha Méndez fue campeona de natación en San Sebastián en 1927 y Ana María Martínez Sagi, campeona de España de atletismo, además de periodista y escritora.
El techo
Dos nombres en la antología de Gerardo Diego, y el final de todo
Y no solo poesía: novelistas como Rosa Chacel, María Teresa León, Elena Fortún o Luisa Carnés; la filósofa María Zambrano; pintoras como Maruja Mallo, Ángeles Santos o Remedios Varo. En política, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken y Federica Montseny, primera mujer ministra de un Gobierno en España.
Todo esto duró lo que duró. La República de 1931 trajo el sufragio femenino, el divorcio y una extensión de la educación; el nacionalcatolicismo revirtió buena parte de esos avances e impuso de nuevo un modelo de subordinación femenina.
Y hay un dato que resume bien el otro lado del asunto: en la primera antología de poesía española contemporánea de Gerardo Diego (1932) no figuraba ninguna mujer. En la segunda, ampliada, incorporó a dos: Ernestina de Champourcin y Josefina de la Torre. Dos. Ese era el techo, incluso en el mejor momento.
Para seguir leyendo
Cuatro libros para reconstruir el periodo entero
El relato de estos nueve años está documentado en estas cuatro obras:
Mangini, Shirley (2001)
Las modernas de Madrid. Las grandes intelectuales españolas de la vanguardia. Barcelona: Península.
Valender, James, ed. (2001)
Una mujer moderna. Concha Méndez en su mundo (1898-1986). Madrid: Residencia de Estudiantes.
Ulacia Altolaguirre, Paloma (2018)
Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas. Sevilla: Renacimiento.
Neira, Julio (2014)
«El canon y las mujeres del 27», en La quimera de los sueños. Málaga: El Toro Celeste, 2.ª ed., pp. 38-49.
Sigue leyendo
Gloria Fuertes, la poeta que creíamos conocer
Detrás de la señora de la tele hay una poeta postista y disidente.
Leer el artículo